¿Son incompatibles el desarrollo de
Baja California y la existencia de sus ecosistemas? ¿Es necesario el
desarrollo sustentable para generar riqueza o es sólo retórica
política que impide el crecimiento económico y, así, evita
confrontar intereses y necesidades sociales? Estas preguntas no son
solamente para empresarios, sino para todos nosotros, pero es la
clase empresarial la que mas debemos convencer de que el ideal del
desarrollo sustentable es una opción viable, realista y necesaria
para el progreso de las empresas y el país y el bienestar de todos
los ciudadanos. ¿Cómo podemos evaluar el valor de las empresas y
los ecosistemas?
Desde el siglo XIX el reverendo Malthus
estableció que el uso inadecuado de los recursos trae como
consecuencia sobrepoblación, hambruna y una lucha indiscriminada por
la supervivencia. Sin embargo, pese a la perspectiva Malthusiana, hoy
hay en el planeta mas de seis mil millones de humanos, pero con una
gran disparidad en el uso y distribución de los recursos y
posibilidades de bienestar y confort.
Ya en pleno siglo XXI y a 22 años de
la Cumbre de la Tierra en Rio de Janeiro en 1992, debemos buscar si
hemos realizado cambios significativos en nuestra forma de usar los
recursos que utilizamos del planeta y la forma que usamos los
servicios de los ecosistemas. Un recurso en un bien escaso, como lo
es ahora el agua dulce, o las pesquerías del planeta. Un servicio es
la producción de oxígeno por algas y plantas o la absorción de
carbono por el océano o las plantas perennes.
La Cumbre de la Tierra planteó que el
desarrollo sustentable, el uso de los recursos que asegurara su uso
por generaciones futuras, es un modo de desarrollo compatible con
nuestra economía. La diferencia estriba en que se da un lugar
preponderante al capital natural y considera que el aprovechamiento
de este debe dejar de ser a corto plazo y repartir las ganancias a
través de generaciones.
El desarrollo sustentable no se da de
la noche a la mañana, por edicto real o por mera publicación de
leyes, normas y reglamentos. El cambio empresarial hacia el
desarrollo sustentable tampoco es mágico, pero no es imposible o un
camino seguro a la quiebra. Tanto es así que ahora muchas industrias
se claman como ecológicas, aunque no revelen como o en que medida
han cambiado sus procesos para lograr la sustentabilidad en el uso de
sus recursos primarios.
Algunos de estos cambios hacia la
sustentabilidad han resultado en grandes ahorros. La transición de
los envases de vidrio, un material reciclable, por el alumino.
también reciclable pero mucho mas ligero, ha disminuido el costo del
transporte y también reducido, mas no eliminado, la emisión de
gases con efecto invernadero a la atmósfera.
Varios agricultores de el Valle de
Guadalupe y Maneadero utilizan sistemas agrícolas orgánicos o
hidropónicos para proveer de vegetales frescos a restaurantes y
familias interesadas. Surge así un mercado nuevo y viable, en el que
tanto el proveedor como el consumidor declaran su compromiso con la
sustentabilidad. El cultivo de ostiones en San Quintín es
sustentable en sentido amplio. La calidad del agua de la bahía no ha
sido afectada, se han creado no sólo un buen número de granjas
viables, sino que también se han creado empleos directos a través
de la colecta, limpieza y empaque de las ostras e indirectos en los
carritos a los que vamos a deleitarnos con este producto.
A medida que mejore nuestro
entendimiento de los procesos ecológicos será posible crear mas
empresas sustentables o ayudar a convertir a las ya existentes,
repartiendo mejor las ganancias de nuestro capital natural.
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